Presión diferenciada: Inflación alimentaria golpea con más fuerza a las ciudades que al campo en 2025; familias mexicanas compensan alza de precios con más horas de trabajo

El costo de la canasta alimentaria en México cerró 2025 con incrementos moderados, pero persistentes, de acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el boletín publicado el 12 de enero actualizó las líneas de pobreza por ingresos y reveló que, durante diciembre, el valor de la canasta alimentaria aumentó 3 por ciento en el ámbito rural y 4.4 por ciento en el urbano, cifras que reflejaron presiones diferenciadas en los hogares según su contexto territorial.

Al respecto, la maestra Citlalic Esperanza Madariaga López, docente de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) explicó que estos referentes monetarios permiten identificar si los ingresos de la población resultaron suficientes para cubrir no solo alimentos, sino también bienes y servicios básicos que conforman las canastas alimentaria y no alimentaria, dijo que el cálculo se realizó con base en el Índice Nacional de Precios al Consumidor, lo que permitió observar con mayor precisión la evolución del gasto cotidiano de las familias mexicanas.

En contraste con la inflación anual de 2025, que se ubicó en 3.7 por ciento, la especialista detalló que el aumento de la canasta alimentaria rural fue menor, mientras que en el ámbito urbano superó ligeramente ese promedio, además precisó que, en términos reales, ello representó una disminución de alrededor de 0.5 puntos porcentuales respecto a diciembre de 2024, además de que la inflación mensual de diciembre se colocó en 0.3 por ciento, retomando la tendencia observada durante gran parte del año.

Madariaga López subrayó que, al analizar ambos indicadores de forma conjunta, se concluyó que los precios continuaron al alza, aunque a un ritmo más lento, “los productos siguieron encareciéndose, pero lo hicieron de manera más pausada”, puntualizó al señalar que esta desaceleración no necesariamente significó una mejora inmediata en el poder adquisitivo, especialmente para quienes destinaron la mayor parte de su ingreso a alimentos.

Recordó que entre 2020 y 2023 la canasta alimentaria acumuló un incremento de 31.3 por ciento, prácticamente en paralelo al crecimiento de los ingresos, cuya ganancia real fue mínima. En ese contexto, sostuvo que el reto estructural permaneció en la calidad del empleo y en la suficiencia salarial, ya que muchas familias compensaron la presión del gasto con jornadas laborales más extensas o con ingresos complementarios.

Citlalic Esperanza Madariaga López compartió algunas recomendaciones para que el ingreso familiar rinda más ante el encarecimiento de los alimentos, “es muy importante el ahorro en la medida de lo posible, así como evitar el endeudamiento innecesario y priorizar el consumo de comida preparada en casa”. Y es que, datos del INEGI mostraron que uno de los mayores incrementos se registró en los alimentos consumidos fuera del hogar, particularmente en productos cárnicos, finalizó.

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